Volver a ser quienes fuimos

“…La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos…”

 

(Poema 20, Pablo Neruda)

 

 

Escribo estas líneas en "modo nostalgia". Algo muy parecido, al ishguit, ese "que se

yo" en el estómago, que me hace dar vueltas y vueltas sobre lo mismo. Les cuento el por qué.

 

Una ex compañera, me invitó a unirme al chat de reencuentro de los que alguna vez integramos -hace muchos años- el grupo de rikudim Agshamá de Cissab. Traerlo al presente, me pegó justo en el lugar reservado para las añoranzas. Rápidamente me uní al grupo de WhatsApp "Agshama Reload". Comenzamos a intercambiar mensajes llenos de: “¿te acordás de…?, ¿qué será de tal? ¿y si nos juntamos los que aún vivamos en Buenos Aires?”. Confieso que evito calcular cuántos años pasaron de aquella etapa tan feliz, de incontables ensayos, viajes y escenarios compartidos con compañeros y amigos, haciendo lo que más me gustaba: bailar y actuar.

 

Primaria. Jug de Rikudim de la Escuela Chalom, año 88.

 

 

Estoy segura que todos tenemos añoranza de eso que nos apasionaba y quedó en el tiempo (por propia voluntad o por razones varias). Te invito a empaparte de las tuyas, a traerla al presente ¡animate! ¡es una experiencia súper rica! Te acerco la mía, para ayudarte a conectar con las propias.

 

Recuerdo que cuando era adolescente decía -en forma jocosa- que me iría a vivir a un escenario porque era mi lugar en el mundo y el de todos mis personajes, canciones y bailes. Pero a la vez, soñaba con ser periodista y me enredaba analizando si prefería más entrevistar artistas o ser la artista a la que la prensa entrevistara.

 

Pasaron los años y cada tanto alguno de mis afectos me dice: “¿Te acordás cuando estudiabas teatro, canto y comedia musical? ¡qué feliz eras en cada entrenamiento, en cada función en el teatro!, ¿qué pasó que no seguiste”. Siento un vacío similar a cuando me cruzo con ex compañeros que hasta el día de hoy siguen bailando ¡Waw! tremendo hachazo en donde más duele, una alta dosis de realidad sin anestesia.

 

Sucede que cuando “colgué los botines”, bueno los zapatos de danza, para dedicarme a trabajar y a estudiar mi segunda pasión: el periodismo, me prometí que no dejaría de bailar y actuar, sólo lo haría en menor medida. Arranqué con clases de ritmos varios, luego cada tanto en el gimnasio -con el cual no empatizamos- hasta llegar a cantar en la ducha y bailar mientras limpio. En toda elección, hay pérdida ¿verdad? Por eso no me quejo, estoy convencida que mutaron mis pasiones. El bailar se transformó en ser periodista, formar una pareja y una familia con dos hijas.

Sueños hechos realidad.

 

Espectáculo "La Casa de Atrás", Jug Agshamá (CISSAB), año 1994.

 

 

Pero ¿saben qué? Ejercer el periodismo me lleva a estar en contacto constante con los artistas y no puedo evitar pensar en qué hubiera pasado si yo no hubiera dejado atrás el baile y la actuación. Los echo de menos.

 

Francamente, cuando voy a funciones de teatro o comedia musical, fantaseo con que soy una de las actrices, de las bailarinas, de las cantantes o cuando los entrevisto, a veces con que respondería si fuera ellos. Anhelo mi pasado.

 

En el club, contemplo desde lejos las clases de rikudim y las harkadot (rondas de baile). Mi mente viaja al pasado, mi cuerpo comienza a moverse sin avisarme y me siento frustrada por desconocer el repertorio actual o haber perdido “la gracia”. Mi yo y mi otro yo, debaten exponiendo sus puntos de vista: uno indica “guardalo como un hermoso recuerdo y seguí con tu clase de ritmos latinos para mamis. El otro, me cuestiona el por qué no retomo rikudim o mis clases de teatro si tanto me gustan”. 

No estaría nada mal, al menos para darme la oportunidad de ver qué me pasa hoy

con esa pasión.

 

Espectáculo "La Casa de Atrás", Jug Agshamá (CISSAB), año 1994.

 

 

Ahora te pregunto, ¿te pasa lo mismo que a mí con tu añoranza?

Con una mano en el corazón, creo que nuestros propios pendientes están plagados de excusas, de peros, de eternas postergaciones. “Cuando sea grande voy a…, cuando me reciba, cuando forme una familia, cuando mis hijos crezcan, cuando pueda trabajar menos…”

 

¡Vamos! ¡nunca es tarde! Si queremos podemos volver a ser aquello que fuimos, pero en versión actual. En más, con ustedes como testigos hago una autoproclamación: así, tal me encuentra el presente: con una familia, dos hijas pequeñas, dos trabajos y sobre todo con varios años más voy a volver a bailar rikudim y actuar, si aún me hace cosquillas en el alma.

 

Gente, puede que me esté poniendo más cursi a medida que sumo canas, pero la vida es una y tenemos la maravillosa posibilidad de soñar despiertos. Mientras nuestro corazón late acelerado por algo que nos lo provoca: ¡vamos por ello! Basta de sentir la convicción de que es tarde, que ya pasó nuestro tren. Es real que “nosotros los de entonces, ya no somos los mismos” pero podemos ser una versión renovada, llena de viejas pasiones que cada tanto se hacen presentes, pero sobre todo de pasiones renovadas.

 

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