El antisemitismo, en primera persona

Allá por los ´80, recuerdo que cuando iba al shule Chalom -en el barrio porteño de Colegiales- el portero jugaba un rol fundamental en nuestra seguridad. Él estaba siempre en el ingreso y el egreso al colegio, observando que todos los nenes entrásemos ordenadamente y que nos retirásemos de la mano del adulto a cargo. Podía verlo en los recreos barriendo y mirándonos de reojo para que, a ninguno, se nos ocurriera “ratearnos”.

 

Cada tanto, sonaba la alarma de evacuación y salíamos todos de la escuela en fila, sabiendo que “la amenaza de bomba” -que motivaba nuestra urgente retirada- era un pícaro llamado de algún compañero que no había estudiado lo suficiente para la evaluación del día. Cuando fui al secundario laico, me tocó encontrarme con alguna esvástica dibujada en mi carpeta o comentarios por mi condición religiosa. Pero no lo sentí como una acción antisemita, porque también atacaban a otros por ser chuecos, narigones, orientales, distintos a ellos.

 

No recuerdo haber experimentado de pequeña temor a sufrir un acto de antisemitismo, pese a mi activa vida comunitaria: shule, templo, kinder y club “de la cole”. Hasta aquel 17 de marzo de 1992, con el estallido de una bomba en la Embajada de Israel, en pleno corazón porteño. Ya no recibía más el portero a los chicos en el shule, sino gente de seguridad privada, su fachada se cubrió de pilotes grises y duros, se perdió la posibilidad de quedarse charlando en la puerta de las instituciones judías ante la orden de desconcentrarse rápidamente, los madrijim y los adultos de cada comunidad tuvimos que capacitarnos en “bitajón” (seguridad). Se sucedieron amenazas telefónicas, pintadas, profanaciones de tumbas y luego llegó el atentado a la AMIA. Crecimos de golpe. Ya no se trataba de dolernos y velar en contra de los actos antisemitas en Europa, en Medio Oriente y en otros sitios judíos del exterior. Sentimos el antisemitismo en nuestra querida Argentina, en primera persona.

 

 

Escribo y me corre un escalofrío que me obliga a dejar de tipear y respirar profundo. El antisemitismo, el odio irracional en todas sus formas, golpea al mundo. Los medios de comunicación nos informan constantemente sobre más y más focos, nuestros allegados que lo vivencian nos lo cuentan y nosotros -los judíos que vivimos en la argentina- tenemos la opinión dividida entre sentir su presencia local y el percibirlo sólo como hechos aislados.

 

Por eso, los que hacemos Piedra Libre, nos acercamos a preguntarles a judíos argentinos de distintas edades si sienten que está vigente el antisemitismo en la Argentina y si lo vivenciaron o lo experimentan en primera persona.

 

Perla Schlosman (71 años)

 

Considero que nunca va a dejar de existir el antisemitismo, como tampoco la discriminación, en nuestro país. Gracias a D's no sufrí personalmente ningún acto antisemita. Pienso que, tal vez siguen activos por ignorancia, por no querer reconocer el sacrificio de nuestro pueblo para lograr su Estado.

 

 

 

 

 

Carolina Saichann (41 años)

 

Mi infancia fue en club y colegio judío y recuerdo que había más seguridad, tenías que pasar muchos más controles, previo a los atentados a la Embajada y la AMIA y luego aumentaron. No sé si hoy eso se flexibilizó o uno lo naturalizó. Nosotros somos la generación que vivió el cambio, pasamos de un ambiente mucho más familiar a uno más formal obligatorio. Los chicos que van a shule nacieron con pilotes, pero nosotros no. Siento que actualmente hay focos de antisemitismo que los vemos más que nada en las noticias, situaciones particulares. Creo que hay un “anti-todo”, o sea, un anti lo que es diferente a mí, por religión, por raza, por creencia, por lo que sea. Desde los atentados cambió mi sensación de debilidad, de que puede pasar cualquier cosa más allá de los recaudos que uno tome. Cambió en mí porque de repente nos empezaron a proteger en el shule de otro modo, con mayores recaudos, me llené de incertidumbre y de miedos y los llevo permanentemente y trato de transmitir que esto nos pasó a todos y somos responsables que no vuelva a pasar. No puedo entender al antisemitismo porque no concibo ningún extremo de nada. Me pregunto si ésto influye en nuestra generación a la hora de decidir o no en mandar a nuestros hijos a instituciones judías, por nuestras creencias y no por seguridad. En definitiva, la inseguridad está en todos lados pero, en algún lugar adentro nuestro, seguimos con temor por lo que vivimos. Si no lo naturalizamos, es difícil seguir adelante.

Alejandro Levy (41 años)

 

No creo que haya más que en otro momento. A mí me pasó estando en el primario, que compañeros de la escuela me hayan cargado por ser judío. Creo que ahora hay focos a nivel mundial, que tienen más prensa. Más que antisemitismo, creo que hay una cosa xenófoba exacerbada por los gobiernos de turno y se agarran de esas cosas para tener más poder. Voy al club Cissab y lo vivo con naturalidad. Para ir al colegio de mi hijo -que es laico- pasamos por un shule que tiene pilotes y el de él es otra la fachada, con poca seguridad, menos control de ingreso y salida. Cuando fue el atentado a la AMIA casi me cambio de la ORT, en ese momento mis papás tenían miedo. Yo no quería. Luego pasa que se naturaliza y no pensás todo el tiempo en eso. A diferencia de otros países, como los atentados fueron cometidos por terroristas infiltrados en el país, no siento el temor. Si hubiera en la Argentina grupos radicales, sería más a flor de piel el miedo a que vuelva a suceder. Desde siempre hubo profanación de tumbas judías en Argentina y en todo el mundo, no es algo nuevo y pasa también con otras religiones, genocidios menos conocidos con enfrentamientos de pueblos que se radicalizan, acá no lo percibo.

 

Nicolás Medina (18 años)

 

Creo que el antisemitismo está presente en la Argentina. Uno a veces no se da cuenta de eso, porque por todos los movimientos de derechos humanos, resulta loco pensar que alguien tenga esos pensamientos tan retrógrados. De hecho, creo que, por una cuestión de aprendizaje social colectivo, veo a las diferentes religiones, países, culturas como una distinción definitoria en cuanto al tipo de persona que es el otro y no como una simple información más de ese otro. Ese creo yo, es el error principal que compartimos en mayor o menor medida todos. La discriminación está en el día a día, más aún cuando se usó la religión como “chivo expiatorio” para realizar atrocidades como las perpetradas por Hitler. De hecho, la Shoá fue posible gracias a un mensaje que en su momento se instauró como una verdad social. Sabiendo que hoy esto, en menor medida sigue presente, debemos evitar y penalizar toda manera de expresión de ese mensaje, porque lleva a algo mucho más grande y destructivo. Ni en chiste podemos soportar ver una esvástica y no hacer nada. Lo mismo con comentarios de odio. Lamentablemente se sigue viendo y escuchando mucha discriminación, y uno tiene que hacer su parte para intentar ayudar a evitarlo.
En lo personal, la situación de antisemitismo que más me molestó fue la de un ser “poco criterioso” que entró al negocio de mi tío y mi papá e hizo un graffiti en la pared con una esvástica. Los policías llegaron, pero lo dejaron libre. Un desastre.

Florencia Medina (16 años)

 

Para mi hay antisemitismo en casi todos los lugares del mundo, aunque ahora en Argentina lo percibo cada vez más. Creo que se da, sobre todo, en las redes sociales y con graffitis en las calles.  No sufrí un acto antisemita, que por ejemplo me insulten por ser judía, pero sí veo pintadas apoyando a Hitler o mensajes antisemitas en Internet.

Voy al Scholem Aleijem desde el jardín. Me llamo mucho la atención cuando pusieron los pilotes en las puertas del colegio, me preguntaba: por qué tenemos esta sociedad que precisa de muros en la entrada. Los profesores nos explicaron que era por el antisemitismo pero que, igualmente, no tenía por qué parecernos normal que estén.
Ahora tampoco se puede estar en la puerta parado, porque los guardias te piden que te corras, porque no pueden tener un panorama completo de la situación, necesitan estar a alerta de todo lo que pueda pasar.

Ulises Levy (8 años)

 

Sobre que se discrimine por como uno es, pienso que no juzguemos a los demás de la forma que sea, porque yo puedo tener cosas que el otro no tenga. Pero también el otro tener cosas que yo no. Lo que a veces siento que me pasa cuando estamos en el colegio, es que hay que decir algo bueno del otro y de mí no dicen. Pienso que es porque a veces en los recreos no quieren estar conmigo, no me incluyen y me hace sentir mal, porque no me gusta que me dejen solo. Les diría que no me dejen más afuera, porque a ellos no les gustaría que se lo hagan.

 

 

Tatiana Czernizer (7 años)

 

Está mal que nos discriminen por ser judíos porque todos somos iguales, de cualquier forma que seamos. No me gusta que nos traten mal porque la única diferencia es que festejamos cosas distintas, por ejemplo, que los católicos. Les diría que no lo hagan. Cuando alguien me trata mal por algo que yo soy, me pongo mal, pero pienso que lo hacen sin darse cuenta que me lastiman y sino tienen que pedirme perdón.

 

 

 

 

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