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  • Ofelia García C.

Flojito y cooperando

Con pena he de confesar que le sigo teniendo un enorme miedo a las inyecciones. Soy aquellas que prefiere darse la tediosa tarea de tomar varias pastillas por días, que ser inyectada en una sola dosis. En el caso que no tenga más remedio, busco desesperadamente la mano de quien esté a mi lado, cierro los ojos y como si se tratase de un fusilamiento, espero el pinchazo final.


En México, las cándidas enfermeras si ven a un paciente nervioso y estresado, previo a la inyección, tienen una frase muy común para ese tipo de casos; Póngase flojito y cooperando. Pero más que una frase tranquilizadora, en realidad es una amenaza. Ellas aseguran, que una inyección mal realizada puede ser fatal si a la persona se le ocurre poner resistencia o hacer un movimiento brusco, ya que puede provocar que el aguja se quiebre y se incruste dentro de la piel.


Es posible, que por dicha estampa mental amenazante que me fue adherida desde pequeña, es que aun les tenga ese miedo. Sin embargo, El flojito y cooperando es una frase que últimamente he usado con bastante frecuencia desde que llegué a Israel, pues los cambios que se han presentado desde el 2020 hasta la fecha, me han llegado de asalto y de imprevisto, sin la oportunidad que ponga resistencia alguna. En este caso, lo único que me ha quedado por hacer, es adaptarme a la situación como mejor pueda.


Mar Muerto. Foto: Ofelia García

Creo que para cualquier olé jadash como yo, nos resulta más difícil la adaptación a una nueva vida, cuando se tiene como telón de fondo a un enorme virus que está en asecho todos lo días. Aún así, muchos sorprendentemente nos hemos adaptado a esta situación tan atípica y tratamos de salir adelante como mejor podemos. Tarea nada fácil, pues es como caminar sobre arenas movedizas y hacer malabares al mismo tiempo.


Estar en pie significa un enorme reto, ya que además de adaptarnos a una aliá poco común, el terreno por el cual pisamos se rige por la inestabilidad económica y la incertidumbre constante de la población. La suma de todos esos factores provoca que el desasosiego nos visite de vez en cuando, y por más que queramos evitarlo u obviarlo no se puede.


En ocasiones es insostenible estar en la jugada en un contexto donde las reglas del juego cambian cada semana. Por ejemplo, algunos comercios que frecuentaba por la calle de Ahuza no pudieron soportar este tercer seguer y lamentablemente se vieron obligados a cerrar definitivamente. Otros con trabajo y esfuerzo siguen en pié y se han mantenido milagrosamente como mejor pueden. Otros en cambio, han buscado la manera de innovar sus negocios a través de aplicaciones.


Para estos últimos, este momento de seguer fue una excelente oportunidad para hacer ventas online, decidiendo mudar sus productos a las plataformas digitales, donde aseguran hay más futuro. En efecto, para unos ha sido todo un reto de vida, para otros significó un detonador de ideas para cambiar la manera de hacer las cosas a como estaban acostumbrados. Por ejemplo, si antes trabajábamos en modo piloto, quizá este estilo de vida exige trabajar en un modo más versátil.


Mar Muerto. Foto: Ofelia García

Creo que el estilo de vida al cual nos vamos a enfrentar en los próximos años, se orienta a la innovación tecnológica con tendencia al cambio. Y aunque lo anterior pareciera es un vaticinio de un escenario futurista, realmente es una perspectiva de vida, la cual pude reflexionar gracias a que tuve la oportunidad de visitar el Mar Muerto. Sus aguas me enseñaron, que ante lo inevitable de cambios, lo mejor es no poner resistencia.


Las claves para salir a flote en estos momentos tan complejos, es nuestra capacidad de adaptación, estar abierto a las nuevas ideas y sacar una nueva versión de uno mismo, pues entre más nademos en contracorriente, más trabajo nos costará reincorporarnos a una nueva realidad que exige cambios todos los días. Lo mejor que se debe hacer en dichas aguas es ponerse panza arriba y tratar en la medida de lo posible relajarse. Y aquí aplica el dicho famoso mexicano de las enfermeras, flojito y cooperando


Puede parecer fácil, pero ponerse panza arriba en el Mar Muerto requiere de cierta peripecia. Para quien sabe, dichas aguas tienen la propiedad de tener un alto grado de concentración salina que obliga al cuerpo flotar por si solo. Pero si por alguna razón tratamos de poner resistencia y cambiar de postura panza abajo, como estamos acostumbrados, tendremos una sensación de hundimiento o de ahogo, para acto seguido chapotear desesperadamente. Sin mencionar lo desagradable que es si una gota entra al ojo, o si por accidente se llega a tragar de esa agua.


Mar Muerto. Fotos: Ofelia García



Lo que vamos a obtener de todo ello es una experiencia nada agradable; un dolor de cuello, los ojos irritados y un sabor de boca amargo, o en el mejor de los casos una escena cómica. En cambio si tratamos de acoplarnos a las aguas, podemos obtener algunos beneficios. Es más que sabido que el barro y las sales minerales del mar muerto son bastante cotizadas por sus maravillosas propiedades regenerativas y exfoliantes utilizados en productos de belleza de todo el mundo. Al final, si aprovechamos la experiencia, además de salir con una piel humectada y tersa, saldremos completamente relajados, renovados y con la mejor actitud.


No puedo decir que vaya tener el mismo nivel de entusiasmo cuando vaya a la clínica para mi primera dosis de la vacuna del COVID, que de hecho hoy por la mañana recibí el mensaje para recordarme la cita para mi primera inyección. Confieso que cuando lo leí, sentí un escalofrío que me recorrió toda la espina dorsal. El miedo a un piquete absurdo, que por más que quiera, no lo puedo controlar. Un miedo que me va a perseguir donde quiera que esté y seguramente seguirá por mucho tiempo más.


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