La ventura de conocer a Bella Clara - Sed y Hambre de vida: Cuando la novela se convierte en “Hasbará”
- Oro Jalfón
- hace 2 días
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Por Oro Jalfón *

No sé exactamente lo que me llevó a ella.
Camilo Castaño, olé jadash colombiano a quien conocí durante un curso de hebreo para nuevos inmigrantes que yo organizaba en Jerusalem, me la nombró por primera vez.
- Cuando vayas a vivir a Natanya- me dijo-, tienes que conocer a Bella Clara Ventura. Es escritora y poeta, una gran personalidad; la invitan por todo el mundo para dar a conocer su obra. ¡Llámala cuando llegues!
Viviendo ya un año en Natanya, su nombre volvió a surgir en mi vida, o más bien en la pantallita de mi teléfono. Bella compartió un artículo de su autoría publicado en el Diario de Madrid - medio de comunicación digital español-, en el grupo WhatsApp de la Wizzo hispanoparlante de mi nueva ciudad.
Su nombre siguió dando vueltas en mi cabeza durante largos días, hasta que encontré la excusa perfecta para establecer un posible contacto. Le solicitaría una entrevista para Piedra Libre, revista digital comunitaria en español en Israel. “De paso me serviría para desempolvar, o al menos comprobar si queda en mí vestigio alguno de mis otrora competencias como redactora, oficio que ejercí en el semanario Nuevo Mundo Israelita de Caracas en un lejano pasado”- me dije-, sintiendo despuntar la ilusión ante la perspectiva de conocer a esta reconocida escritora y poeta.
La admiré desde el primer cruce de palabras.
- Vente y te preparo un salmón que yo hago muy rico -, me dijo al teléfono con un delicioso e inmediatamente reconocible acento colombiano.
Me cautivaron su lenguaje franco y coloquial, esa cercanía que lleva a flor de piel.
-Envuelta en fama y cubierta de libros, te habla como a una amiga desde el primer contacto-, pensé.
La fui a conocer en su departamento en el barrio de Ir Yamim, cuya terraza ofrece una esplendorosa vista de mar y montaña; una visión idílica que, según me revelaría más tarde, la tiene enamorada.
Confieso que, tras nuestro primer encuentro, no pude volver a llamarla, como tampoco pude responder a sus numerosos mensajes de amistad.
—Sentí tanta luz en ti que necesité alejarme —le dije cuando, semanas después, me telefoneó con un simple: “¡Hola! ¡No he sabido más de ti!”. Aquello me dio pie para retomar una relación que anhelaba se convirtiera en una sincera amistad.
¿Por dónde empezar? Por lo que me fascinó de ella antes de conocer su extensa obra literaria —que abarca 16 novelas y cerca de 30 poemarios, algunos traducidos al francés, inglés y hebreo—. Bella es auténtica, sincera y se entrega por completo sin pedir nada a cambio.
Es una mujer íntegra en cuyo ser habita la gracia latina fundida con la sabiduría de la abuela turca que le susurraba consejos en ladino: “No hay mal que por bien no venga, querida”. Y así vive ella, abrazando la positividad como filosofía y arma de vida. Bella es chispa de vida que ilumina todo a su paso.
Nacida en Bogotá, es hija de padres judíos -él de origen sudafricano y ella mexicana-, y nieta de abuelos turcos y griegos. “Bella por mi abuela materna y Clara por su madre de la lejana Turquía, y llegó un señor con apellido Ventura que completó mi nombre”, así se autorretrata en un libro “Escritura de Luz. Vida y obra de Bella Clara Ventura”, reconocimiento que le consagran casi 150 admiradores de su singular trayectoria.
- Tuve la suerte de que mi primera novela, Almamocha -que salió a la luz hace ya 33 años-, fuera publicada originalmente en Colombia por la misma editorial que manejó la obra de Gabriel García Márquez por décadas (Editorial Oveja Negra), lo que le dio un gran impulso internacional-, me cuenta.
- Almamocha, cuyo título es un neologismo y trata mucho sobre Venezuela, se centra en mi primer suegro. Era un personaje antisemita y fascista, educado en la Italia de esa época, para quien los judíos eran culpables de todo. Al casarme con mi primer esposo, el reconocido director de cine Mario Mitrotti, le dije:
- ¡Alto ahí! A tu papá le vas a decir que soy colombiana, pues no puedo esconder mi acento. En cuanto a judía, me lo dejas calladito, hasta que él me conozca. Si me quiere rechazar por Bella, perfecto, pero por judía, no. Y durante 10 años mi suegro vivió en la ignorancia de mis raíces. No fue sino al dar a luz a mi cuarto hijo, cuando llego donde mi suegro y le digo: ¡Viejo! ¡Que sepas que soy judía! Mi suegro se levantó, se me acercó y me dio un largo abrazo…
Así es Bella. Prefirió el silencio, hasta que el afecto fuera más fuerte que el prejuicio.
“Prueba de que el antisemitismo, la xenofobia y cualquier otra forma de racismo no son sino producto de prejuicios infundados”, me dice, y su expresión sabia adquiere un dejo de ternura y rigor a la vez.
Después de Almamocha llegaron Lo que la vida quiera, Armando Fuego, El viento de la sombra, La voz de la pasión, Contigo aprendí, Rehén de la memoria, Canadá para siempre, La voz de la violencia, Africa en mi piel, Corazón de telaraña y El amor en los tiempos del coronavirus.
La fecunda obra creativa de Bella Clara no cesa. Ella misma se define como una mujer “habitada por las musas”.
Por solo nombrar algunos de los galardones recibidos, citaremos el Premio “Escriduende” de la Feria del Libro de Madrid 2023, que la reconoció como la autora más prolífica y creativa; el Doctorado Honoris Causa otorgado por la “World Academy of Arts and Culture” en California (2011), o el haber sido elegida por la Universidad Santo Tomás como una de las cincuenta personas más importantes de la cultura colombiana.
Pero hay más: su nueva novela, aún inédita, que tuvo la gentileza de enviarme por correo electrónico durante mi mágica visita a su casa frente al mar, se titula “Sed y Hambre de vida”.
Sed y Hambre de vida: Cuando la novela se convierte en “Hasbará”
Esta obra es a la vez un florilegio de consejos de vida, un compendio de enseñanzas filosóficas y un análisis de la juventud actual. Es también y, sobre todo, un libro de esclarecimiento judío (Hasbará), un resumen de los valores universales y los valores del judaísmo, una declaración de valores y moral, todo ello entregado en la intimidad de conversaciones de pareja o entre dos amigas.
Con su pluma ágil e inventiva, Bella Clara logra amalgamar guerra y amor, temas candentes con situaciones ligeras; consigue que la pareja protagonista siga haciendo el amor mientras la espeluznante sirena suena y misiles caen a lo largo del país.
Sed y Hambre de vida es un relato novelado en el que la autora narra las conversaciones entre la señora X, Y o Z (cuyo esposo llama cariñosamente Yona) y su esposo Or, una pareja que vive en Natanya en plena guerra contra Irán en junio del 2025. Bajo las bombas, tratan de mantener el buen humor y un ambiente amoroso mientras el alarido lúgubre de las alarmas resuena en todo el país. Or Maimón es un destacado profesor universitario de Historia y de Ciencias Políticas en la universidad de Tel Aviv, y un erudito en la materia del Medio Oriente. Yona, por su parte, es profesora en un colegio bilingüe, pero está terminando estudios de periodismo, para dedicarse a hacer “Hasbará”.
Una voz sabia y profunda se desprende del texto a través de un verbo fácil. Nos ofrece largas conversaciones en las que el lector se adentra en el pasado y presente del pueblo judío y en la compleja realidad del estado Israel. Con justeza de opinión y sobrio pensamiento, entre la sala y el dormitorio, entre el café y el almuerzo, mientras “libran la batalla del amor para obviar la pesadumbre de la guerra”, analiza los dilemas de nuestra actualidad. ¿Porque el antisemitismo? ¿Cómo enfrentar el terrorismo y la intolerancia? ¿Cómo se atreve el mundo a hablar de genocidio en Gaza? ¿Qué hubiera sucedido de no tener el Domo de Hierro para defendernos?
Decenas de páginas despliegan conocimiento sobre temas tan vitales como los acuerdos de Oslo, la gran Intifada, el Mufti de Jerusalem y su alianza con Hitler, las guerras de Israel y sus consecuencias. Emana del texto afán de pedagogía, que se logra sin esfuerzo.
El mismo afán de Hasbará que Bella, alias “la Mirada de Ulisas”, lleva a cabo con sus múltiples entregas periodísticas en el Diario de Madrid. Una voz multicultural y valiente que, desde su tribuna castellana, ofrece una visión verdadera y sin fronteras.
La novela abraza otros capítulos más risueños que relatan los largos diálogos entre Yona y Mónica, su colega y entrañable amiga. Son conversaciones a veces intrascendentes, puramente femeninas; otras, un intercambio enriquecedor sobre los límites de la educación, ese justo medio entre autoridad y tolerancia donde todo enseñante debería situarse. Hablan de la crueldad en las aulas y del desamparo institucional. Pero también analizan la herida abierta: la fragmentación de Israel en bandos contrarios, esa desunión nacional que sirvió de preludio a la tragedia del 7 de octubre. Ambas intentan comprender el odio desde el escepticismo de los sentimientos.- ¿Cómo se puede amar a quien te odia?-, se preguntan. Se estremecen ante el fanatismo del régimen iraní, que anhela liquidar cualquier rastro de emancipación para subyugar a la mujer y a las disidencias. Son preguntas candentes, salpicadas de suspiros, pero siempre aderezadas con la sonrisa pícara de dos amigas que se saben juntas en la búsqueda de respuestas.
“Yo me engolosino con la sabiduría”
Sentadas una frente a la otra en el vasto comedor de su apartamento de Ir Yamim, la exuberancia del paisaje exterior me obliga a voltear hacia la terraza. No podría ser de otra manera. ¿En qué otro entorno podría vivir Bella Clara, sino rodeada de contraste, cuyo manejo aprendió a dominar? No cabe la menor duda. Su morada es un diálogo eterno entre la serenidad del azul del mar y el verde indómito de las colinas. Habib, su esposo, me ofrece un café y se une a ratos a nuestra plática. De inmediato el ambiente se impregna de la complicidad – yo diría sensualidad -que emana de su charla.
- La vida me ha enseñado a sacar la mejor lección de todo lo que se presente; a estudiar una maestría de todas las circunstancias que la vida te va poniendo. Le doy vuelta a todo lo negativo y lo transformo en positivo, y nunca me quedo patinando en el dolor. El dolor sirve como enseñanza, pero sales de allí, y a otra cosa. Yo tuve una abuela muy sabia; sabia y de pocas palabras. “No hay mal que por bien no venga”, nos decía siempre. Sí, el bien oculto llega siempre.
- Yo no soy religiosa, pero sí tremendamente espiritual y me conecto con los valores del judaísmo que recibí en casa. Valores de bondad, de servicio al prójimo, de rectitud y de transparencia. Lo que siempre me ha llamado más la atención del judaísmo es la sabiduría. Yo me engolosino con la sabiduría. Mi alma es profundamente judía. Lo vine a descubrir muy tarde, inclusive con el lamento del dolor. ¿Qué derecho tenía yo de cortar la cadena genética que se había mantenido en mi familia a través de generaciones? Pues mis cuatro hijos no viven como judíos y se asimilaron.
- ¿Bella, cambia algo en tu escritura el hecho de estar asentada en la tierra de Israel?
- Yo no sé si se cambié mucho en mi literatura, pero en mi esencia sí, lo que es mucho más importante. Y como la esencia brota para uno poder escribir, entonces por supuesto que sí ha habido un cambio. He abrazado el tema judío con muchísimo amor, interés y respeto. Ya en estos momentos, mi judaísmo aparece cada vez con más vehemencia en mi narrativa. Desde Corazón en telaraña, luego La sed del tiempo - que cuenta la historia del último gaucho judío -; África en la sangre - Sybilla lleva en sus genes la historia familiar judía y reflexiona sobre ella -; hasta El amor en los tiempos del coronavirus -, la jugosa historia de amor de Joyce Mintz y Ben-El Azulay, instalados en Netanya y viviendo al borde del mar-, la presencia del elemento judío se hace cada vez más palpable.
Por demás, - revela la autora con patente interés-, pienso que esto de hacer hasbará por Israel es un compromiso muy grande y se hace cuando uno tiene la conciencia de lo que significa para cada judío, estar en el mundo y tener toda una avalancha de antisemitismo que se le viene encima.
“Y el mundo calla mientras yo me revuelco en mis sábanas”
Se diría que Bella le presta fragmentos de su vida a sus personajes; que transita duelos a través de sus páginas y convierte sus propias heridas en tinta. ¿Su propósito? Transmutar el mal en bien.
Bella se confiesa. Fue bulímica durante treinta años. Y logró sustituir su impulso autodestructor en escritura creativa. “Exorcizar las dolencias”, lo llama ella.
- La bulimia es una enfermedad. Si trasladas la enfermedad hacia la luz, y le buscas la parte positiva, te curas. Yo me curé a raíz de volverme espiritual y a raíz de la escritura. Fueron mis dos fuentes de sanación. Estaba totalmente esclavizada. Es que yo tengo una mente bulímica. Lo que no puedo digerir, lo tengo que botar. Y lo boto en literatura. Es un proceso alquímico.
- ¿Qué es la literatura?- reflexiona -. Es exorcismo de la realidad.
En la novela, la historia personal de Bella se funde con la de la protagonista. Yona evoca la imagen de una joven iraní que habla desde la clandestinidad en un noticiero, arriesgando la vida. Es un espejo de su propia liberación. “Es como la joven iraní —le comenta a Mónica— que al quemar la bandera exorciza la rabia contra un régimen de horror.”
- La condición del mundo me arrebata el sueño-se vacía Bella en sus últimas páginas-. Parece que es época de grandes conspiraciones donde los egos despiertan y los deseos de dominio imponen sus reglas… Se creía que las guerras ya no hacían parte de la modernidad…Lo que está ocurriendo en Irán, con esa forma de amordazar la disidencia, en menos de una semana más de 30.000 muertos… No parece ser la vida humana la que cuenta sino el eco del antisemitismo que por un tiempo estuvo en afonía, aunque jamás callado del todo… Deben renacer en nuestros corazones las palabras Libertad, Igualdad y Fraternidad con el énfasis que ameritan y sin las sombras que les quieren salpicar. Labor de todos sondear la verdad. Ella sale a relucir cuando la sabemos buscar. Un hallazgo que se convierte en tesoro vital.
Aquella primera impresión mía sobre Bella Clara no fue errada. Fue tan certera mi percepción de su intensa luz que, al partir de su apartamento, llevaba yo bajo el brazo el libro Escritura de Luz. Vida y obra de Bella Clara Ventura, dedicado a su obra, “porque es grande su influjo, luminosa su estela y fuerte el eco de su voz”.
Bella, Clara, rara y exquisita virtud la tuya, la de poder arrojarse a las profundidades del alma y emerger indemne.
* Oro Jalfón es comunicadora social egresada de la Universidad Católica de Caracas y ex directora del semanario Nuevo Mundo Israelita de esa ciudad.














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